miércoles, 2 de mayo de 2012

Se dijo...



Una ella: 

Ayer vi a un chico con mucho amor en el pecho y más ganas de darlo y completar(se).
Ocurre que en el desamor traspasamos el subsuelo porque de otra forma no podríamos empezar de cero y volver a enamorarnos. De ahí que reincidamos con la misma intensidad (que no de la misma manera)

El amor es el adolescente eterno.
Cuando llevas un tiempo recuperado del desamor, empiezas a acumular amor para otro alguien. Ni deseo, ni pasión, ni rollete, ni cariñico. Va fraguando poco a poco, no te das cuenta. En realidad la consciencia de las cosas nos visita cuando ya han pasado. 
El caso es que se acumula ahí y si no vienen ningunas manos a liberarlo empieza a salir por los poros. El cuerpo es un chivato, no lo olvides.
Así vi al chico de ayer; con un montón de amor acumulado para regalar a los primeros ojos que se atrevan a verlo.
Lo bonito es cuando hay cruce de miradas.


Otra ella: 

Estoy de acuerdo con lo que cuentas, pasa poquito a poco, al final la razón es que somos amor. Es como si esa fuese siempre la esencia, lo otro, el desamor y su dolor y sus penas y tragedias lo tapan, lo esconden, lo intentan romper, lo machacan... Como las florecillas que planto, puedo estrujarlas, incluso ahogarlas con demasiada agua, se secan muchas veces, pero en ellas pasa (casi todos los siempres) que luego, al tiempo, aunque pasen muchos días, algo vuelve a retallar... y está retallando por debajo de la tierra y tú no lo ves, hasta que empieza a salir por encima, como los poros de los que tú hablas... Y ya está, proceso cumplido de nuevo, el eterno amor. Sí, eso.





1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Ya ni recuerdo la de veces que, tras cada ruptura, me he dicho "Nunca más" y, al final...

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