sábado, 26 de mayo de 2012

Dice la vida que dejes de insultarla

Qué pequeños nos vemos siendo la vida tan inmensamente grande. A veces pasa eso, apenas dos metros cuadrados de piel, que no sé dónde leí que esa era la insultante cifra que nos envolvía, como filtro para expresar el todo. Hoy es de esas veces. Infinitas ganas de tantísimas cosas que el apartamento es ínfimo, la ducha se asemejaba a una de esas gotas que anuncian tormenta y al final ni tormenta ni aguacero; todo es pequeño hoy, menos lo que pienso. Aquí dentro la sensación es parecida a una silueta humana que abre los brazos de par en par queriendo abrazar el planeta tierra. Que no me cabe el corazón, ni los pulmones me aguantan más tabaco, ni este vientre tiene espacio para más mariposas con pinta de cuervo. Ni los párpados se dan la vuelta, ni piensa la boca tragar más sinsabores. Es la revolución de los costados, el norte buscando la veleta. Imagina una de esas animaciones de colores vivos, líneas fluorescentes, esas imágenes que condensan todos los trayectos de todos los coches con los focos encendidos en movimiento. Amplía la imagen, pantalla de cine para el record guinnes. Ahí, en el fondo, al final, en el centro, hay un punto inmóvil de color negro que se llama como yo. 

La concentración extrema de ganas no resueltas termina compactándote, 
de tanto guardarlas, 
de tanto encerrarlas, 
de tanto apartarlas, 
de tanto sustituirlas 
por crucigramas y presentes 
que sustituyen al único que pretendías, 
de tanto tanto tanto. 

Hay una línea gruesa delante de mis pies. Apenas unos metros me separan de ella. Espero turno, como en los bancos, en el supermercado, en las colas de los conciertos. O la cruzo o vendrá la vida enfadadísima a preguntarme qué coño se me está ocurriendo hacer con ella para malgastarla de esta absurda manera. 

jueves, 24 de mayo de 2012

Dirección/rumbo/destino vs poder dormir

Ideas claras. Recuerdo cuando los otros decían que yo valía y que era grande y casi tremenda porque entraba a los bares con la cabeza alta y los tacones sonando. Aparentaba tener las ideas claras, ja! Nunca mentí y siempre lo dije, no tengo nada claro. No me creían.
El tiempo ha pasado y sigo siendo lo mismo, la misma que no miente, la misma que no sabe nada, los días se fueron y algo se aclaró, pero no fueron las ideas concisas y concretas. Ya sabes, esa línea de vida, ese destino, Itaca y su puta madre. Yo no sé dónde voy, a lo único que he llegado es a saber dónde no quiero ir. 
Hay personas que tienen sueños definidos, tan nítidos como las pelis en hache dé no sé qué que nunca he visto. Los hay como nosotros, futuro difuminado. Nos aferramos a esos presentes que no queremos, eso es lo que nos salva. No es huir, es otro tipo de selección, diferente pero igual de válida. A veces me gustaría tener clarísimo quién soy, dónde voy, de dónde vengo y cómo voy a pagar el enorme préstamo que pedí hace no sé cuánto. Pero no soy esa, decido por momentos los lugares donde quiero apoyar el culo, donde quiero descansar, soluciones momentaneas para instantes concretos. Puedo imaginarme en Canadá buscando curro como delineante o coger un tiesto y plantar cuatro cactus para vendérselos a las pocas amigas de mi madre. Una sueña por dentro grande y lejos, una vive a ratitos pequeños. 

No sé cuál es la mejor opción, como siempre, sólo aprendes haciendo. Ahora sólo me protejo de la lima de grano grueso que me impide descansar. Se me olvida mirar más allá de las gafas de cerca. Olvidas qué te gusta, qué prefieres, qué era aquello con lo que soñabas y te salvas, sobrevives, te mantienes... Ya lo decía Txetxu, objetivo: No caer. 
Hoy basta eso. No caer en el abismo conocido. Lo de dirigir una vida entera pesa tanto que este cuerpo, que perdió hace meses dieciocho kilos de más, no puede sostener. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Broma

Tampoco escribo como escribía ni sonrío como aquella vez que me dolió la mandíbula dos días. Estoy cansada y dicen las malas lenguas que los días vienen arrastrando piedras, que andar cuesta demasiado y correr ya no nos lleva a ningún lado. 
Cuentan que en alguna parte la vida sigue sin mis ganas, que hay mañanas airadas y tardes en las que vuelve a amanecer la luna a eso de las nueve y cuarto.
Hay quien jura amor eterno como antaño y coches que arrancan con rumbo y destino claros. Los hay que se divierten, que tienen planes, sueños y el entusiasmo metido cual piedra en el zapato. 
Aseguran que la vida está llena de puertas, que cada minuto anuncian un vuelo en los aeropuertos cercanos, que no duele la música, ni la poesía, que las plazas están llenas de peces, que el mar está en cualquier esquina. Que por enamorarse no hay que pagar ningún precio. 
Que el destino... Cuentan que lo que sueñas es real, que lo real convence, enriquece y remueve. Que se visten de payaso en los duelos y que el barro huele a canela. Dicen que los pozos son sólo túneles de escaso recorrido. 
Lo dicen, lo he oído en alguna parte, que mis días son una puta mentira, que me secuestraron hace dos años diez alienígenas malvados, que en otro mundo, en otro rincón, en otro maldito tiempo sigue existiendo una mujer feliz que no se acuerda de escribir lamentos. Que sólo escribía novelas, que vivía de las rentas, que dormía a tu lado siestas de dos horas y media, que volaba en desayunos compartiendo croissant y magdalenas. 
Una aventurera, allí vive una aventurera que le contará a sus nietos que por más que exprimas la vida y la rutina y los momentos, va a seguir saliendo zumo para tres o cuatro pacíficos. Que plantaba gladiolos y calas al lado de tomates y lechugas tan verdes que aterraban, que ese era el único miedo alquilado... 

Allí, en ese lugar, esa mujer sólo se parece a mí cuando está enferma, muy enferma, cuando los termómetros siempre marcan cuarenta y el peine se queda con sus pelos, cuando al borde de la cama dos médicos le cuentan, a ella y a los otros, que la agonía que precede a la muerte está asquerosa e injustamente cerca. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

O cómo correr para encontrar un descanso

El mundo entero tiene un extraño color rosa mientras yo me visto de negro en escenarios de teatro inventado. Soy la directora de las peores películas de miedo, incluso he creado el concurso a la mejor interpretación de ideas diabólicas. Soy yo; actriz de reparto y protagonista, segundona y suplente. Creadora de cortos, de largos, de medios, de secretos a gritos, de voces silenciosas, de cavernas y otros mitos. Leyendas oscuras que alimentan, si no cada uno de mis pasos, sí todos los espacios que hay entre ellos. 
Es difícil parar una mente que  se creyó dueña del teatro, la que tiene más aristas que insectos hay en el universo y a la que no le es fácil someterse a ningún criterio selectivo de beneficios para el cuerpo que tiene 'debajo'. Parar. Frenar al menos. Descansar. 
Es un bucle, porque además es ella misma la que busca cosas para frenarse. Es ridículo. Doscientos millones de caballos que, muertos de sed, corren más, y otro poco, y más aun, buscando el oasis. Y cuanto más corren, más sed. Pues algo así. 
Luego está el corazón que nadie sabe dónde habita, se ponen las manos en el pecho, teta izquierda y suburbios del pulmón para mostrar qué parte es la que más duele. Así como si alguien en paro cardíaco no sintiese dolor. O pena. O esa extraña emoción que precede a la muerte cuando te rodean los que te quieren. 
O para qué hablar de las tripas, que se te encogen, que se disfrazan de lapa, de sanguijuela, y te estrujan tanto el diafragma vital que cada respiración viene a ser como buscar el puto salvavidas sin usar que matarías por encontrar la noche en la que se hundió el titanic y Kate Winslet no le dejó ni un trocito de tabla al niñato de Di Caprio. Pff. 
No sé. Ansiedad. Que al fin y al cabo es miedo. Cansancio. Que al fin y al cabo es miedo. Tempestad. Que al fin y al cabo es lo de siempre: La ausencia del objetivo que nunca has logrado desligar del deseo que te hizo buscarlo.


miércoles, 2 de mayo de 2012

El maestro aparece cuando el alumno está preparado vs el alumno aparece cuando el maestro está preparado

Iniciación a...

Escritura
Teatro
Pintura
Dibujo
Escultura
Costura
Lectura
Magia
Jardinería
Malabares
Papiro no sé qué
Danzas
Yogas y compañía
Meditación
otros etcéteras 

Todo eso pasaría en la escuela taller de una chica de Murcia con muchas ganas de aprender, con ganas de que todo el que pasase por allí descubriera al maestro que lleva dentro bla bla bla, si el dinero no moviese la rutina.


No me gusta la gente que utiliza el feis para hablar de fútbol, no me gustan los enlaces de política, no me gustan los mediocres, no me gusta la rutina convertida en urgencias que anulan importancias, no me gusta el escaso valor que se le da a lo único que formará parte de ti, el puto momento en el que vives, no me gusta pedir cariño, no me gusta que el sexo sea sexo porque toca sexo, no me gusta el olor de la col cocida, no me gustan las algas, no me gusta el exceso de maquillaje, no me gustan las camisetas de agosto en abril, no me gustan los pies, no me gusta la oficina del paro, no me gustan las risas fáciles, las posturas incómodas, las conversaciones eternamente superficiales, no me gusta despertarme a las siete de la mañana, no me gusta la mala hostia de Mariano, no me gustan los que se mueren de miedo sin hacer nada con el miedo, no me gusta no tener un blog donde escribir cosas y que el no tenerlo haga que a los pocos días de cerrar el previo todas mis frases empiecen por no. 

Se dijo...



Una ella: 

Ayer vi a un chico con mucho amor en el pecho y más ganas de darlo y completar(se).
Ocurre que en el desamor traspasamos el subsuelo porque de otra forma no podríamos empezar de cero y volver a enamorarnos. De ahí que reincidamos con la misma intensidad (que no de la misma manera)

El amor es el adolescente eterno.
Cuando llevas un tiempo recuperado del desamor, empiezas a acumular amor para otro alguien. Ni deseo, ni pasión, ni rollete, ni cariñico. Va fraguando poco a poco, no te das cuenta. En realidad la consciencia de las cosas nos visita cuando ya han pasado. 
El caso es que se acumula ahí y si no vienen ningunas manos a liberarlo empieza a salir por los poros. El cuerpo es un chivato, no lo olvides.
Así vi al chico de ayer; con un montón de amor acumulado para regalar a los primeros ojos que se atrevan a verlo.
Lo bonito es cuando hay cruce de miradas.


Otra ella: 

Estoy de acuerdo con lo que cuentas, pasa poquito a poco, al final la razón es que somos amor. Es como si esa fuese siempre la esencia, lo otro, el desamor y su dolor y sus penas y tragedias lo tapan, lo esconden, lo intentan romper, lo machacan... Como las florecillas que planto, puedo estrujarlas, incluso ahogarlas con demasiada agua, se secan muchas veces, pero en ellas pasa (casi todos los siempres) que luego, al tiempo, aunque pasen muchos días, algo vuelve a retallar... y está retallando por debajo de la tierra y tú no lo ves, hasta que empieza a salir por encima, como los poros de los que tú hablas... Y ya está, proceso cumplido de nuevo, el eterno amor. Sí, eso.