sábado, 21 de abril de 2012

mi mi mi

Salvar, tampoco es que quiera que me salven, es sólo que tiremos ambos, que no sólo mi cuello y mis manos y mi corazón y mis piernas y mi destino preferido sean los únicos que tiran. Que deje de haber un 'mi' delante en todos los esfuerzos y que lo de ser dos tenga algún sentido más que el de escribir bonito y publicar en blogs párrafos emocionantes.

 Pensé algo parecido al lee esto

jueves, 19 de abril de 2012

Yo sólo escribo lo que no entiendo

Podría hablar de la diferencia entre hacer el amor follando y follar haciendo el amor pero en realidad no sé por qué querría hablar de ello si ya lo tengo tan suficientemente claro como para callarlo. 

lunes, 16 de abril de 2012

Somos los más listos del universo, nos quedamos con los que nos interesa, bandidos!

Decía Cé...hace poco, cuando nos burlábamos de ese fantástico 'aquí y ahora' que tanto nos potenció otras veces: "Lo bueno del presente es que pasa"
Pues eso. Pasa siempre. La frase es buena para los momentos en los que quizá, tal vez, incluso podría pasar más rápido

miércoles, 11 de abril de 2012

lunes, 9 de abril de 2012

Sueña alto aunque lo hagas solo

Demasiada espera sin la ene y sin la zeta y sin la a detrás. 
Nosotros. Qué misterioso el plural que se forma en uno solo. 

jueves, 5 de abril de 2012

Mónica y yo

Fuimos a la misa de la madre de mi amigo, quedé con ella en la puerta, llegué tarde, para variar. Ella no, para no variar. Ella siempre te espera. Me dijo de quedar veinte minutos antes para poder sentarnos, la llamé diciéndole que entrase, que no quería que sus piernas estuviesen rígidas durante una hora sólo porque mi pelo y yo hubiésemos discutido frente al espejo. No, yo te espero aquí en la puerta. Y así fue. Como siempre. 
Nuestras cuatro piernas subidas en tacones de demasiado vértigo para una iglesia aguantaron estoicas los cincuentra y tres minutos y trescientas catorce lágrimas recién paridas. Ella me recuerda a todo eso que ya no está, a la vida de antes, cuando las mujeres se bien peinaban los domingos y estrenaban vestidos de franela el día de todos los santos. Ella es la mujer de los cuadros de arte del siglo dieciséis, es la madre madraza materna. Tiene los mismos años que yo en el carné y el alma embrujada por hadas que ya se fueron. Me llevó, en medio de esa misa cuyos asistentes tal vez no creyesen en el dios que nos miraba desafiante desde esa cruz con florecitas blancas, pero creen en algo más. Creían que la madre muerta de mi amigo Jesús nos estaba viendo allí, llorándole y sonriendo al darnos la fingida paz. Dos mujeres se levantaron a coger la cesta que representa el diezmo, lo que lleves suelto es para ellos, para los que lo necesitan más que tú. Para los que no llegan a final de mes, ni a mediados ni al día uno. Tú al menos llegas al seis. Mi amiga sacó cuatro monedas de su bolsillo, yo ninguna. Y me cogió la mano y me dio dos de sus monedas. Y me llevó a los siete años, cuando mi madre, en la punta del banco de una iglesia, nos daba una moneda para echarla a la misma cesta. Los cinco hermanos participábamos del extraño diezmo, sin saber qué era el diezmo y aprendiendo a fingir que aunque no tengas dinero, siempre puedes dar el de otro. Yo aprendía de la carencia propia y de la generosidad de mi madre. Su modo de decir: lo mío es tuyo y cuando sea un nuestro bailará para ser de ellos. De otros. Mi amiga me dio dos monedas de veinte céntimos y la besé. Sonreí y puse a brillar los ojos. La ternura que la invadía, en su pelo rizado, en sus labios poco pintados, en su chaqueta de punto, en sus ojos marrones buenos, tremendamente buenos, me elevaron. La vida está llena de bonitos gestos. Y a veces da igual el gesto, da igual si crees en el dios de esa horrible cruz, da igual si cuatro días antes, en el bar, criticaste a la iglesia porque invierte el dinero en cuadros con marcos de oro. Me quedé con sus manos dándome en silencio y a escondidas las dos monedas de veinte céntimos para que las echase a una cesta de mimbre color marrón. Fui una niña pequeña que se sentía protegida por mi amiga, amiga a la que no veo casi nunca, con la que no hablo casi nunca, a la que apenas le he dicho te quiero. Me sentí protegida y la quise tanto como quizá ella nunca sepa. O sí. Cuando le envíe este texto por si le sirve para sonreir largo y lento. 

Luego fuera hablamos de tantas cosas que me metió en sus pulmones, lloré con ella y me alegré de estar viva. 
Y nada más. Para qué más. 

domingo, 1 de abril de 2012

Nada sustituye a la otra realidad

Y entonces, cuando te has tomado cien cervezas en el feis, te has abierto botellas de vino porque alguien lo comentó en tu estado, cuando le has dado volumen a la canción que te han encasquetado en el muro, cuando en el chat alguien te da un abrazo con forma de no sé qué emoticono, cuando te has descojonado literalmente por ver escrita una broma absurda, cuando te has conectado cienes y cienes de veces para, precisamente, desconectar de otras cosas... Entonces, luego, un domingo rozando las dos, te das cuenta de que el feis es la mayor mierda del mundo. Porque te sientes más solo que la luna y tus trescientos amigos que no conoces y los otros cuatro que sí, no están aquí. Al lado. E internet, de repente, no sirve para absolutamente nada.