sábado, 10 de marzo de 2012

Los otros rincones de la vida


Él dijo que llamaría, como tantas y tantas veces. Ella, como tantas y tantas veces, anuló las horas que pertenecían a otros quehaceres. Reunión en la fundación de las horas usadas y algún café en compañía. Anuló esa parte honda y ancha que la vida te requiere para mil millones de toneladas de cosas. O tan solo una. Es indiferente. Ella anuló otros mundos, otros ratos, otros momentos. Esperó, como siempre esperaba, dándole cabida en el reloj del ordenador, en el reloj de la cocina, en el reloj del coche, en el reloj de la pared del bar, sólo a esa llamada. Esperaba que viniera, esperaba oír un te quiero, esperaba todas esas cosas que no llegaban.
Entendió el error. Hay muchos trozos de vida dentro de cada pulmón. Ella solía abrir las ventanas para airear sólo uno de esos trozos. Así el vacío era tan grande como el resto de la vida, vaciar una caja de toda la tierra que llena el Everest y ver que no se llena.
Eso es esperar. Esperar trae decepciones y frustraciones y momentos infinitos a ninguna parte. Esperar una cosa. Obtener ausencias.
Entendió las razones, se comprendió, se aceptó así, mujer enamorada del amor, con tantas ganas de sentirse querida que a menudo olvida que la vida son más cosas. Cosas. En general. Cerveza o sol con palabras, fumar un cigarro en la parte trasera de la tienda de hierbas o comida de pobres en la plaza central de la ciudad. Apartaba continuamente todas esas vidas que también le pertenecían porque su mirada clavaba dardos en sólo una de ellas.
Era un error. Pero el conocimiento del error no lleva consigo la solución. Pensar, pensar y volver a pensar en los errores. No hacer nada con ellos es mantenerlos. Es seguir haciéndolos. Perpetuos resultados que dan al mismo sitio.
En las acciones están los trucos. Mezclar las ideas con los hechos, dicen, es la única manera de enmendar zonas tristes que no van a dejar de serlo pero quizá se aparten, se escondan un poco. Dar rienda suelta y espacios airados a otros mundos. Menos enriquecedores decía una voz. Al menos son algo más que este vacío decía otra.
Y así, escribiendo rápido un sábado al mediodía descubrió que los pies pueden moverse en bosques oscuros a los que siempre llega la primavera.
Tal vez no haya laderas verdes con flores frescas, orillas del mar que refrescan tobillos cansados, no habrá manos que te abran cervezas al rozar madrugadas eternas.
Pero también hay papel protagonista en kilómetros a la capital, en conciertos de acceso gratuito, piropos en alguna esquina y semillas de albahaca mostrando belleza caduca.
La vida. Esa cumbre inalcanzable al otro lado de lo que ahora tengo. Pondremos rumbo allí aun sabiendo que es más que probable que nunca coronemos la cima de alrededor. 

2 comentarios:

  1. Las esperas matan. Nos ha pasado a todos. Nos aferramos a una idea y no queremos soltarla porque no podemos asumir la realidad. El tiempo es hoy. Un beso.

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