domingo, 5 de febrero de 2012

La adolescencia no tiene edad


Esto es lo que suele pasar cuando una decide ir de digna y altiva y utiliza como símbolo, atención a la hazaña: No cogerle el teléfono al hombre del que estás enamorada y que, presuntamente, no te ama como tú esperas que te amen los numerosos hombres de tu vida con los que te has topado.

Suena el teléfono; como llevas pensando en el plan doce intensas horas, lo tienes clarísimo, ni de coña le darás al verde. Sorprendentemente te quedas mirando la pantalla mientras dura el sonido, leyendo su nombre una y otra vez repitiendo mentalmente: Sufre cabrón! Mira lo que soy capaz de hacerte! Qué creías? Que no tenía valor? Oh! A mí con retos! Yo, que una vez llegué siete minutos tarde a una cita con mi ex. Yo que un día mantuve mis planes de toda una tarde y fui al examen de oposiciones para el que me había preparado dos años en vez de quedar con Juan como él pretendía, para tomar un café. Mira lo que soy!

Bien, el teléfono deja de sonar y también deja de latir el corazón que, segundos antes, se había convertido en un hipopótamo de trescientos doce kilos con altos tacones sobre un tablao flamenco bailando claqué.
Dos pensamientos irrumpen la exagerada calma que hace juego con tu cuello tipo pecho palomo y barbilla al horizonte:

¿Habrá pensado que ya no estoy enamorada de él?
Voy a llamarlo

Y a continuación el diálogo que estableces contigo misma, como si ‘tigo’ fuera otra y ‘misma’ una que pasaba por allí:
-No, no vas a llamarlo.
-A qué hora ha sido la llamada? Si dejo pasar veinte minutos creo que será suficiente para que se de cuenta que a mí, tonterías las justas, que yo quiero, aspiro y deseo a algo mejor de lo que él me ofrece y que soy una chica completamente independiente que no va por ahí perdiendo los vientos por el primero que le dice qué ojos más grandes tienes. En veinte minutos da tiempo a pensar eso incluso dos veces. Y a acojonarse. Mucho. Muchísimo.
-Sí, bueno, de hecho lo mismo si no lo llamas ya, podría incluso estar suicidándose, mira lo que te digo.
-Que no te rías de mí misma, o sea, de ti misma. Vale, no pienso llamarlo.
-Claro joder, cuando consigas hacer esto mismo unas sesenta veces, lo que persigues se verá resuelto.
-Pero qué es exactamente lo que queremos conseguir?
-Mmm… que te valore
-Y qué tiene que ver que le coja ahora mismo el teléfono para que me valore? Puedo hablar con él del tiempo, de los peces de colores, de lo bien que me lo he pasado el fin de semana saliendo sin parar a tirar la basura cada vez que generaba un poco de basura.
-No, no era para eso del valor, espera que recuerde, era para que él sienta que no te tiene cada vez que quiere, que no dirige tus tiempos, que tienes vida propia.
-Pero es que eso es la mentira más grande que he oído en mi vida.
-Tienes razón, llámalo

Y sin pensarlo mucho porque sabes que si lo piensas mucho lo que vas a hacer no es lo que habías planeado estratégicamente contigo misma en las últimas doce horas, marcas su teléfono. Así como con espasmos. Record mundial de tiempo mínimo empleado entre pensamiento-acción.

Y entonces, aun digna y completamente feliz entre cuyas líneas de tus manos puede leerse abiertamente que lo estás llamando sólo porque eres educada y acabas de ver, casi sin querer, varias llamadas perdidas entre las cuales estaba la de él, escuchas cómo te rechaza la llamada. Está ocupado. Está haciendo otra cosa. Y no, probablemente no está suicidándose.

Los cinco, diez, treinta, cuarenta y cinco minutos siguientes sabes, sin que nadie te lo haya dicho porque sigues siendo infinitamente lista, que no, que un suicidio no dura tanto, que un pis termina mucho antes y que la imaginaria compañía con la que estaba cuando sonó tu teléfono, probablemente ya esté cenando en su casa con sus hijos y su perro en las rodillas.

Y te quedas con la cara de gilipollas más gilipollas que se ha visto nunca jamás en el planeta tierra. Pero un gilipollas de poco a poco. Del ir abriendo los ojos así despacio hasta que si fueses más flexible, los párpados te habrían dado siete vueltas y te rodearían cual traje de neopreno modo buzo profesional.

Ocho minutos de gloria a tomar por culo. Con lo bien que ibas y mírate, con otras doce horas por delante de espera angustiosa hasta que él, al día siguiente, te llame porque ha encontrado un hueco libre entre el curso de comics amateur y el pase de cine independiente de películas mudas del siglo XIII o quién sabe, ha quedado con alguien que se ha retrasado y se aburría.

Pero eso sí, mañana no se lo cojo ni de coña. Por mis cojones.
Bueno, si me llama por la mañana le llamaré yo por la tarde como si no hubiera mirado el teléfono en todo el día. O si me llama temprano, le llamo rozando el mediodía. O bueno, me quedan pocos minutos en la tarifa plana del móvil, tal vez se lo coja por ahorrar. Sólo por ahorrar.

Que no. No y no y no. Mañana lo consigo. Puedo llamar a la compañía de teléfono para que me cambie el número. ¿Y si lo apago todo el día y sólo lo enciendo por la noche? Ah no, que esto ya me pasó y fue cuando me colgaron desde movistar porque a mi terminal no le pasaba nada y le llegaban perfectamente todos los mensajes de llamadas perdidas. No sé. Voy a llamarlo otra vez a ver si es que no lo ha oído antes y le ha dado sin querer a lo de rechazar. 

9 comentarios:

  1. Hola, buenas noches.

    Te he leído esta tarde y me he ido a dar una vuelta a ver si se me ocurría un comentario positivo y lleno de energía.

    Lo siento, no valgo para esto:

    Dependencia emocional. ( Claro que el otro es un cabrito...)

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  2. jajaja vamos a ver!! Que esto es llevar al extremo un mínimo pensamiento!! Que no, que aunque disimule muy bien no soy eso, eh?
    Es lo malo de escribir siempre sobre una misma, que luego no puedes crear cosas ni ná porque te las atribuyen todas!

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  3. Le estaba diciendo ahora a una amiga que se ha partido leyéndolo, como yo escribiéndolo, que evidentemente base real hay. No voy a negarlo. Pero no, no soy eso.
    Coges un pensamiento y al verlo Zas! Empiezas a reirte de él. Del pensamiento y de una misma. De los papeles, de cómo darle rienda suelta a los guiones que interpretamos en alguna ocasión y sentir que si fueras lo que eras, quién sabe, quizá, tal vez, aun seguirías ahí estancada.
    Fui esa adolescente, claro, como puedo volver a serlo en tres minutos y medio. La exageración del texto es no saber parar en esos tres minutos lo que alguna vez te habitó.
    Pero no, no soy tan dependiente. Aunque sea consciente de que el decir 'no soy tan dependiente' y no decir 'ya no soy dependiente' es lo que me ha hecho poder escribir esa cosa.

    Sabes? después de escribir esto me estaba riendo en el baño y me comenzaba un mini texto en la cabeza, decía así: Hola, soy una asesina en serie. Que cómo sé que lo soy? les contaré cómo empezó todo...

    Y sí, es infinito el mundo que nos habita o podría habitarnos!

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  4. Tienes razon, toda la del mundo, tanto en la entrada como en los comentarios, todos hemos sido, y somos un poco asi...que lo has llevado al extremo, quizas, pero esos pensamientos que duran un mocrosegundo, y esas batallas que libramos con nostros mismos como las meigas, haberlas hailas...asi que creo que de alguna manera todos nos podemos identificar con tus palabras..
    un saludo!

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  5. Yo sí que hago estas cosas xD Soy un desastre

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  6. Oye, pues a mi eso no me ha pasado nunca. Ni lo de ir corriendo a coger el móvil por si es él, batiendo records de velocidad y arrasando con lo que se interponga en mi camino. Ni lo de volver a por el teléfono, que se te ha olvidado en casa, por si acaso. No, no sé de qué hablas.jajajajaj! me ha encantao.

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  7. uy no no, a mí tampoco me ha pasado nunca lo de mirar el móvil a ver si es que se ha apagado solo, ni ir a llamadas perdidas a ver si es que el móvil no te ha notificado algo en concreto. Jamás de los jamases!!

    Bueno, eso, que quede claro que es exagerar lo puesto y lo descompuesto. Que si alguna lo ha sentido así, alguna vez, aunque sea bajo el mínimo tiempo, que reflexionemos. Que se sale de ahí, que se puede y que es factible. Que el empujón básico es no querer ser esa. Y en el caso de que lo seamos, empezar por reírnos de nosotras mismas, es uno de los mejores modos de triunfar. Saberte débil, o pequeña, o diminuta, pero saber y creer que también eres fuerte, grande e inmensa. Sí, qué coño! Dentro de todas habita una mujer loba, sólo se trata de encontrarla y darle de comer :)

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  8. ¿ Quién ha dicho que yo estuviera hablando con Nebroa? De hecho, ¿ quién ha dicho que yo estuviera hablando con nadie? Sólo he constatado la sensación que me ha dado el texto.

    Pero has saltado muy rápido, querida mía :P

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    Respuestas
    1. Claro amor, es lo que tiene sentirse siempre juzgada aquí dentro. No es el juicio exterior lo que provoca las reacciones. Es el propio. Siempre es así.
      Uno oye, oye cosas y según hagan eco dentro, contesta, reacciona, habla o muerde, según los flagelamientos propios a los que nos hayamos sometidos.
      Eso fue tu respuesta. Un sonido, sólo eso, la de dentro se encargó de dar explicaciones, de protegerse, de explicar, tapar, exponer o mostrar. Da igual. El caso es que sé que eso que citaste es mi nudo, mi trono presidencial. Es el lastre más grande de todos los lastres. Es mío. Lo reconozco, mi error/aprendizaje. Ahí va a parar casi todo lo demás. La arista principal cuya naturaleza marca mis avances y desencuentros. Lo sé, cielo.

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