jueves, 23 de febrero de 2012

Lo que da de sí el guión


Y este cuello sin tus besos y estos labios sin absurdas palabras para ti, estos bolsillos llenos de cosas, por no decirte, por no exponerme, por no abrir. Este cajón con recuerdos que no lo fueron, estos pies corriendo hacia atrás, esta boca que se muere, estos ojos sin dardos a tu voz. Este cuerpo se aniquila, estas tetas sin ti, estas piernas vacías, este maldito corazón gris. 

Otro

Dividida entre el sí pero dejémoslo ahí. Entre protecciones y aperturas, entre eslabones sueltos, entre prisiones sin techo y otra vez sin ti. Sin ti. Sin ti. Muchas veces sin ti en este párrafo que por no decir tanto se quedó con la mitad sin escribir. Este corto queriendo entender, este texto queriendo romper. El nudo, tu corbata, aquella cama, el hotel y el resto de sandeces que no llegaron a suceder. 


O tal vez más

Vivir sin mostrarme para proteger mis versos de ignorancia externa. Sobrevivir fingiendo ser otra. Una mujer que mira al frente, que entierra desamores por lógica, que incita a no tener miedo. Otra, otra que nunca fui. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Regalo público


Ella con escote, con sombra en los ojos y caderas apretadas, ella en medio de vendavales de frío recogiendo leña. Ella y su hijo, ella y el amor, ella y el pasado vistiéndose de blanco a través de su imaginación. Ella con ganas y ahínco, con pesares y ruido, con vestidos ceñidos y dientes al aire buscando sonrisas alrededor. Ella abrazando, vendiendo, aconsejando. Abriendo un corazón que estuvo demasiado tiempo tendido a la intemperie y rellenando de orgasmos su esternón. Ella en medio de lugares que se convierten en hogar, ella en alquileres y juicios, en ventas, en pensión, en cazadoras con agujeritos por donde ya no se cuela el frío. Botas y tacones para la ocasión, cualquier día es un gran final y cualquier momento un buen recuerdo.
Por todo eso que te queda, por todo eso que llevas dentro saliendo a borbotones hacia fuera, por todo eso que viviremos, disfrutaremos y nos llenará las miradas de amor.
Sigue creciendo como crecen las rosas, como aguantan las flores en tu local, como una madrugada de sábado sin domingo a la vuelta, sigue creciendo y dándole alimento a la niña que se te asoma bajo las cejas cada vez que sale el sol. Eso. Por todo eso…

viernes, 17 de febrero de 2012

Esto era antes

Le digo que me voy a abrazar a ella como una lapa, como una garrapata, como un koala en extinción, como el hilo de los paracaídas, como un gorro de lana en el polo norte. Un apéndice, un cuerpo inerte que necesita sosiego, y alientos varios, y palabras al oído durante toda la noche. La vida que se mete a presión en una sola tarde, y te viene encima el inicio, el principio, los durantes y el después que termina a tan solo un par de horas de escribir estas cosas. 

Nunca terminas de ser algo

Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

Del maravilloso libro de la sabiduría contemporánea: feisbuk :s

miércoles, 15 de febrero de 2012

La amistolerancia


Todo se reduce a lo mismo. Observación, reflexión, gestión. El amor y otras amistades sin momentos íntimos es tan libre como lo eres tú. Cada uno ama a su manera, lo expresa como le da la gana y te lo vuelca en medio de la cara. Si te hace daño, vas al botiquín y te curas. Si apesta., te lavas la cara. Si pasa por la yugular, transfusión en vena delante de algún espejo solitario. No puedes cambiar el amor. No puedes pedirle a otro cómo te gusta que lo exprese. No puedes medir nada. Tu balanza es una balanza entre millones de balanzas. Él hoy ha hecho algo que me dolió. Pero no puedo pedirle que lo haga de otra forma, que me gusta más que hiciera bla bla bla. Con los amigos puedes hacer poca cosa. Dices, hablas, cuentas, taladro al cuadrado, lo que quieras, pero todo va a seguir igual. Los quieres porque sí. 
Eso sí, aun no se me ha pasado. Ya lo abrazaré después. 

martes, 14 de febrero de 2012

Si al menos la cámara fuese lenta

Habéis sentido alguna vez, yo qué sé, por casualidad, de repente, que vuestras piernas son como las dos rayitas de cualquier botón pause? Pues eso

martes, 7 de febrero de 2012

Porque sí

Sigo teniendo el mismo sueño. Alguien llega a mi puerta; no sé de dónde viene, no importa, tal vez no es de muy lejos. Me dice que ha venido a buscarme. Y yo no tengo que hacer nada; sólo dejarla pasar.


Ella lo escribió un día y yo me lo cuento a cada instante

Se alquila bañera limpia, yo llevo el jabón


Me arrepiento profundamente!!! Jamás lo volveré a hacer!!!
Como delineante innovadora, decoradora frustrada y creativa empedernida (:s) admito que jamás volveré a decirles a los clientes que quiten las bañeras de sus casas y pongan pies de ducha!!! 
Quiero un puto baño!!! Burbujas, espuma, que se enfríe el agua, capuzarmeeee cutremente en una bañera normal y corriente!! Ayyyyy

domingo, 5 de febrero de 2012

La adolescencia no tiene edad


Esto es lo que suele pasar cuando una decide ir de digna y altiva y utiliza como símbolo, atención a la hazaña: No cogerle el teléfono al hombre del que estás enamorada y que, presuntamente, no te ama como tú esperas que te amen los numerosos hombres de tu vida con los que te has topado.

Suena el teléfono; como llevas pensando en el plan doce intensas horas, lo tienes clarísimo, ni de coña le darás al verde. Sorprendentemente te quedas mirando la pantalla mientras dura el sonido, leyendo su nombre una y otra vez repitiendo mentalmente: Sufre cabrón! Mira lo que soy capaz de hacerte! Qué creías? Que no tenía valor? Oh! A mí con retos! Yo, que una vez llegué siete minutos tarde a una cita con mi ex. Yo que un día mantuve mis planes de toda una tarde y fui al examen de oposiciones para el que me había preparado dos años en vez de quedar con Juan como él pretendía, para tomar un café. Mira lo que soy!

Bien, el teléfono deja de sonar y también deja de latir el corazón que, segundos antes, se había convertido en un hipopótamo de trescientos doce kilos con altos tacones sobre un tablao flamenco bailando claqué.
Dos pensamientos irrumpen la exagerada calma que hace juego con tu cuello tipo pecho palomo y barbilla al horizonte:

¿Habrá pensado que ya no estoy enamorada de él?
Voy a llamarlo

Y a continuación el diálogo que estableces contigo misma, como si ‘tigo’ fuera otra y ‘misma’ una que pasaba por allí:
-No, no vas a llamarlo.
-A qué hora ha sido la llamada? Si dejo pasar veinte minutos creo que será suficiente para que se de cuenta que a mí, tonterías las justas, que yo quiero, aspiro y deseo a algo mejor de lo que él me ofrece y que soy una chica completamente independiente que no va por ahí perdiendo los vientos por el primero que le dice qué ojos más grandes tienes. En veinte minutos da tiempo a pensar eso incluso dos veces. Y a acojonarse. Mucho. Muchísimo.
-Sí, bueno, de hecho lo mismo si no lo llamas ya, podría incluso estar suicidándose, mira lo que te digo.
-Que no te rías de mí misma, o sea, de ti misma. Vale, no pienso llamarlo.
-Claro joder, cuando consigas hacer esto mismo unas sesenta veces, lo que persigues se verá resuelto.
-Pero qué es exactamente lo que queremos conseguir?
-Mmm… que te valore
-Y qué tiene que ver que le coja ahora mismo el teléfono para que me valore? Puedo hablar con él del tiempo, de los peces de colores, de lo bien que me lo he pasado el fin de semana saliendo sin parar a tirar la basura cada vez que generaba un poco de basura.
-No, no era para eso del valor, espera que recuerde, era para que él sienta que no te tiene cada vez que quiere, que no dirige tus tiempos, que tienes vida propia.
-Pero es que eso es la mentira más grande que he oído en mi vida.
-Tienes razón, llámalo

Y sin pensarlo mucho porque sabes que si lo piensas mucho lo que vas a hacer no es lo que habías planeado estratégicamente contigo misma en las últimas doce horas, marcas su teléfono. Así como con espasmos. Record mundial de tiempo mínimo empleado entre pensamiento-acción.

Y entonces, aun digna y completamente feliz entre cuyas líneas de tus manos puede leerse abiertamente que lo estás llamando sólo porque eres educada y acabas de ver, casi sin querer, varias llamadas perdidas entre las cuales estaba la de él, escuchas cómo te rechaza la llamada. Está ocupado. Está haciendo otra cosa. Y no, probablemente no está suicidándose.

Los cinco, diez, treinta, cuarenta y cinco minutos siguientes sabes, sin que nadie te lo haya dicho porque sigues siendo infinitamente lista, que no, que un suicidio no dura tanto, que un pis termina mucho antes y que la imaginaria compañía con la que estaba cuando sonó tu teléfono, probablemente ya esté cenando en su casa con sus hijos y su perro en las rodillas.

Y te quedas con la cara de gilipollas más gilipollas que se ha visto nunca jamás en el planeta tierra. Pero un gilipollas de poco a poco. Del ir abriendo los ojos así despacio hasta que si fueses más flexible, los párpados te habrían dado siete vueltas y te rodearían cual traje de neopreno modo buzo profesional.

Ocho minutos de gloria a tomar por culo. Con lo bien que ibas y mírate, con otras doce horas por delante de espera angustiosa hasta que él, al día siguiente, te llame porque ha encontrado un hueco libre entre el curso de comics amateur y el pase de cine independiente de películas mudas del siglo XIII o quién sabe, ha quedado con alguien que se ha retrasado y se aburría.

Pero eso sí, mañana no se lo cojo ni de coña. Por mis cojones.
Bueno, si me llama por la mañana le llamaré yo por la tarde como si no hubiera mirado el teléfono en todo el día. O si me llama temprano, le llamo rozando el mediodía. O bueno, me quedan pocos minutos en la tarifa plana del móvil, tal vez se lo coja por ahorrar. Sólo por ahorrar.

Que no. No y no y no. Mañana lo consigo. Puedo llamar a la compañía de teléfono para que me cambie el número. ¿Y si lo apago todo el día y sólo lo enciendo por la noche? Ah no, que esto ya me pasó y fue cuando me colgaron desde movistar porque a mi terminal no le pasaba nada y le llegaban perfectamente todos los mensajes de llamadas perdidas. No sé. Voy a llamarlo otra vez a ver si es que no lo ha oído antes y le ha dado sin querer a lo de rechazar.