miércoles, 25 de enero de 2012

Eddie Vedder debería clonarse


Hacer algo por primera vez. 
El qué? pregunta el coro. Qué más da, contesta el actor. 
No es lo que hay detrás, es el durante. 
Hoy ha sido escuchar una canción, todo el mundo quería saberlo, sin objeto no hay sujeto. Y sin embargo, qué cosas, es el protagonista el que se convierte en escenario, y telón, y aplausos y hasta intermedios. 
Hacer algo por primera vez renueva las neuronas. Científicamente descartado. Pero a mí me sirve, en mi propia ciencia hay un 'con' delante. Hacer algo por primera vez y ser dueño de la vida, estrenar el instante, hacer memorable lo que sólo hubiera sido un segundo pasajero a bordo de tu tiempo. Te quedas el segundo, el minuto y el recuerdo. Tú ganas. La canción? Era Hurt, ni siquiera sé de lo que habla (vale, lo sé, pero no importa). Y era Eddie Vedder el que cantaba en el youtube. 
A veces no hay que conquistar montañas para saberte alpinista. Ni actuar en circos para ser mago. 
Ni amontonar cosas para ser dueño de algo. 

Lo que quiero escuchar. Un día. Todos los días

Quiero hacerte el amor. 
Ahora mismo. 

Ya está

martes, 24 de enero de 2012

El consejo del martes por la noche


Cálmate, no hay tanta prisa

Ya está. Esa es mi aportación a vuestra vida. 

Mentiraaaa! sí que hay prisaaa! Por llegar, por alcanzar, por perseguir, por recorrer, por amar, por follar, reír, café, cerveza, vino, queso fresco, rollitos de anís, solomillo a la pimienta, agua, sol, que te duela la barriga de descojonarte, cerrar los ojos, la maldita primavera que se acerca, el calor, los tirantes y tus jodidos ojos mirándome desde un coche lleno de maletas. 

Ya. 

Cálmate, no hay tant... Buenas noches y eso

viernes, 20 de enero de 2012

gensanta qué frío hace


Esta mañana me he puesto falda. Cuando Ana se pone falda no es un día cualquiera. No te creas que es un viernes de esos entre jueves y sábados. No. Los viernes en los que Ana lleva falda y medias negras de liga partiendo los muslos, es uno de esos días que se cuentan en los cuentos que no hablan de días normales. 
Hasta que... 
Una de las medias se ha roto justo en el punto donde se unen pierna y muslo. Seda y liga. Tela y silicona. 
Ana vuelve a casa a calzarse vaqueros y botas altas. El viernes es un viernes más, tan aburrido como los pantys que llegan a la cintura y no dejan nada al aire. Tan antiguo como los vaqueros con cinturones de cuero y camisetas blancas marcando pecho. 
Hasta que...
Voy a desnudarme. Cuando te desnudas nada es normal. Hay desnudos con toda la ropa puesta. Bufanda y abrigo blanco como este. 
Efectivamente, tal y como intuía, debería estar prohibido sentirse como me siento. 

Cuatro antiguos idiomas

Hay escenas que me sé de memoria: el silencio, por ejemplo. El silencio haciendo un túnel dentro de una montaña de versos. Ahora también es ese lugar.


Luego me doy cuenta de que a veces quieres cosas, pero no las necesitas. En mi caso sí. Pero también era mentira.

La soledad apesta, ya lo decía el poeta que a veces me puebla. La soledad es bella, se oyó una voz en las afueras.

Tenía dentro tantos planes que cargármelos me va a ocupar demasiado tiempo. Y ni siquiera sé qué hora es. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Tú que te creías aventurero

"Resuelve este año no buscar tu “libertad”, sino darte cuenta de 


que tu supuesta búsqueda es la misma prisión."


Los Hermanos Cervantes, que siempre tocan donde tienen que tocar

domingo, 15 de enero de 2012

Madre mía, si está todo mezclado


Así que esta es la diferencia entre esperanza y expectativa, no?
Esperanza es lo que, por cojones, me he autoimpuesto tener ahora mismo. Expectativa es lo que... quise que pasara y al no pasar, me he visto de lleno aquí.  
Tampoco será tan mala, pues :s


viernes, 13 de enero de 2012

Algún día encontraré a la aventurera y no sólo a la soñadora con la que ahora me conformo

domingo, 8 de enero de 2012

La de veces que te has muerto hoy


Creo que en el entierro de hoy la mayoría de la gente no sabía quién había muerto. Es algo así como si todos lo estuvieran. O eso es lo que yo pienso, otra muerta interna. Dos hombres mayores hablaban de tierras, de herencias y de negocios que no sé si saben que tienen el mismo final que el de dentro de la caja. Todo muere. Algún día. Lo sabemos todos y sin embargo nos empeñamos en adelantar el duelo a cada día presente. Da igual dónde estemos, lo que hagamos, lo que digamos y qué comamos ese día. 
Me da la impresión de que casi todos vivimos mucho más cuando dormimos, que despiertos. 
Ya sabes, los sueños. 
Empeñados continuamente en perseguirlos sin mover un pie. Es que eso se lleva ahora. Sentarte a tomar un café y jugar a las preguntas absurdas: Dónde te gustaría estar si todo fuera posible? Y contestamos con la cara muerta de vergüenza, sabiendo que claro que todo es posible, coño, pero no pensamos hacer nada más que lo que estamos haciendo. 
Entierros.
Para mí que todos los días hay un entierro amaneciendo. 

Las bicicletas son para otros veranos


En el horóscopo que nunca leo excepto una vez al día mientras desayuno ponía que si no tengo pareja, debo estar atenta a los alrededores. 
He terminado mi café y el tipo más alto de todos los bares del mundo me ha preguntado si el taburete de mi derecha estaba libre. Prometo que estaba muy atenta. 
Yo sorteaba cuatro monedas de euro en mi mano mientras él pedía cambio a la camarera para, debido a mi extrema atención y agudeza visual, comprar tabaco.
He ido a hacer lo mismo que él, unos pasos por delante de él. He acabado dándole yo al botoncito de los adultos para que él sacase tabaco. Seguía atenta. Tan atenta que esa mierda de gesto me ha recordado, una vez más, que nada cambia a no ser que cambies tú: Una mujer con treinta y seis que lo único que ha hecho en el amor es dar. Y ofrecer. Regalar también. Así que él, ajeno a mis lecturas esotéricas se ha servido de mis servicios para hacerse la vida fácil. Ja! cómo me suena. 
En la terraza del bar donde más tarde ambos fumábamos me ha dicho hasta luego. Me ha sonreído dos veces y media. Esta última es porque había dos niños con bicicletas nuevas jugando al ahora me pillas tú. La niña siempre vencía al niño. No como yo. Yo cuando era pequeña mmm... yo cuando era pequeña no tenía bici. Por eso no aprendí que correr delante de un chico enriquece más que ir detrás. Porque teníais que haber visto la cara de la niña. La felicidad completa oye. 
Le iba a contar todo eso al tipo más alto de todos los bares del mundo, pero ahí ha sido cuando me ha dicho hasta luego. El caso es que cien pasos más lejos se ha dado la vuelta para mirarme. Pero yo ya estaba montada en una bicicleta de mentira corriendo hacia mi coche para esconderme de carreras a dos bandas, metas, objetivos y ganancias que siempre acaban en finales donde siempre soy la primera de los perdedores: la segunda. 

sábado, 7 de enero de 2012

Puede que te confunda el escenario, pero no olvides que el personaje siempre es el mismo