viernes, 30 de diciembre de 2011

Ahora que nos da por resumir


Al final sólo traté de sonreír. Me pasé los días buscando dónde abrir la boca como alas de pavo real para expandirme. Y empecé riendo, y bebiendo, y volviendo a casa con la cabeza alta apostando por el once como único número de la suerte. 
Luego empezaron a venir los amores, los desamores y pare usted de contar, que cuando uno hace recuento al final sólo queda lo importante. 
Da igual si amaneció el rojo en los números del banco, si había menos vaqueros, menos abrigos o ruedas nuevas para el coche. Si viajé, si me dejé los cuernos en los kilómetros que me separan de Madrid o si busqué palabras en medio del pecho para regalar. Da igual a cuántos conciertos fui, o si nunca usé la guitarra que pedí en la carta de los reyes pasados. Cuánto leí, cuánto gasté, cuánto malgasté. 
Al final me quedan las veces que busqué abrazos, y mendigué caricias. Y todas las siguientes veces que me levanté altiva y escuché a la del espejo decirme el te quiero ansiado. El amor. Queda el amor. Porque el amor lo llevo en la solapa sin usar traje, y en el escote cuando llevo cuello vuelto, y en los tacones cuando subo montañas de versos. Queda el amor que empieza precisamente donde yo nunca acabo. 
Soy mejor, soy más grande, soy misteriosamente más delgada que aquel día. Me calmo antes y ahora no dejo que nadie me esconda las carcajadas. Grité en una montaña, hablé en el banco de un parque y medité. Aprendí mis propias técnicas alternativas, llorar cuando tienes ganas, saltar cuando tienes ganas, bailar cuando tienes ganas. Olvidé a quién me olvidó y abracé más que nunca. 
Si hoy muriera estaría contenta. Por hacer aquello que quiero hacer, por no teñir de mediocres mis días. Por hacerlos grandes sin necesidad de moverme del sofá. Por enfrentarme al miedo más miedoso de todos los miedos del mundo, el miedo invisible, el miedo cobarde, el miedo atroz que anda pegado a todas las cosas que emprendo. Pero sabes? amé. Y sigo amando. Como primera diana yo. Como primera diana tú. 
Y en el tú caben todos los que meto cuando quiero. El de más allá y el más cercano. 

Luego viniste tú, que siempre habías estado. Y se revolvió el presente. Y muchas noches no fueron noches. Fueron eternidades. Vacíos, ausencias, peticiones y oraciones pidiéndote a las hadas. Es treinta y uno de diciembre y sigues sin estar. Los deseos se cumplen al cincuenta por ciento. Es curioso que empezara el año pidiendo uno como tú y que lo acabe diciendo tu nombre sin que lo oigas. Quizá venga EL sueño a despertarme en pleno día. Quizá vengas. Ahora al menos sé que vengas o no yo siempre di todo lo que me cabía dentro. 

También he aprendido a... En realidad no he aprendido nada, uno dice que aprende para no sentir que anda por la vida sin sentido. Creía que había llegado a conocerme y mírame, cuánto de puede cuando se cree que no se puede más. Podré. Esto parece una carta de despedida, las palabras previas a un suicidio anunciado. No es eso, aunque a veces uno quiero matarse dentro todo lo que le arde. No lo aprendí, ya sabía que dentro no me sobra nada, que me cabe el infierno y que otras veces estoy amaneciendo constantemente. Me quiero. Me quiero más. 

Si hoy muriera estaría contenta. Y espero poder decir lo mismo en todos los jodidos momentos que me quedan. 

Hay miles de resúmenes que acaban en ganas. Este es uno de ellos. 

miércoles, 28 de diciembre de 2011


Ser la que arrastra, la que tira y empuja. Ser cuerda. Salvavidas. Paracaídas. 
Aparentemente. 
Después sólo eres veleta. Pluma. La empujada, arrastrada y tirada. Ser polvo. 
Moverte al ritmo del ritmo de otro. 

domingo, 25 de diciembre de 2011

Encajar


Riman los recuerdos y los deseos. El pasado y los sueños esperados. El ayer y lo que está por ver. 
Me pregunto en qué parte del poema se queda lo que en realidad tenemos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Muerte unilateral


He decidido que es mejor morirme. Para ti. El único entierro individual de la historia. Será a eso de las siete, cuando llames para ocupar con mis venas otro de tus domingos bisiestos. Me muero. No habrá flores, ni velas ni oraciones en voz baja. En la sala estarás tú y mi ausencia. 
Sé que mañana, al borde de la resurrección, la única que llorará sus penas seré yo. Pero confío en la reencarnación de los amores. Después de tres mañanas el que creí tuyo se habrá colado en otras manos. Y si resultan ser tan frías como las tuyas, volveré a morir. El segundo entierro individual de la historia. 

Y así renaceré de nuevo. 
Al final es cierto que hay amores que matan. 
Lo que sigo preguntándome es dónde están los que nunca mueren. 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Creo que alguien, en Filipinas, lo consiguió


Luego le preguntas a la vida dónde coño escondió la parte del mejor pastel que tú querías. 
Porque claro, aquí sólo hay fresa y a mí lo que me gusta es el chocolate. 
Y dale con el cacao, y dale con que me gusta más fundido, derretido y embadurnado entre las piernas. 
Claro. 
Yo también quise ser rubia y por una extraña razón cada vez que compraba un tinte era de otro color. 
No es por nada pero acaso crees en los milagros milagrosos? 
Oye, pues mira, sí. 
Perfecto, así me gusta, que creas en otro color, pero digo yo que igual que no conseguiste ser periodista estudiando administración, no vas a encontrar amor si lo buscas en una prisión. 
Coño. Que hay que ser lerda para equivocarse siempre en el mismo escalón. 
Sí, sí, con rima y todo te lo digo. 
Como dicen que los poemas van directos a no sé dónde quizá así te enteres, por fin, de cómo se ruedan las putas pelis de amor.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cambio de planes planeados

A veces no entiendo nada. Amar a una mujer que duerme con otro hombre no estaba en la lista de cosas por hacer antes de morirme. 
Tenía pensado lo típico, algún que otro viaje en globo y cuatro o cinco vueltas a la bola del mundo con soporte que tengo en el salón. Plantar un árbol o en su defecto margaritas en el balcón y vivir al lado del mar; esto lo cumplí el día en el que antes de meterme a la ducha cerré los ojos y soñé con Nueva York. 
Ahora sé que nada de eso se cumple y sin embargo aquello con lo que no contabas resulta que se convierte en los guiones de la única lista que es obligatorio cumplir: cosas que solucionar antes de morirte de pena. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

Historias en dos líneas y media


Es que ya no te quiero
Deberías haberlo pensado mejor hace tres años, dos meses y veintiún días
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Prefiero seguir trabajando
Cuando quieras tú, recuérdame que yo también te diga alguna vez que no
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Este final no me gusta
Este final llega por lo malos que son tus principios
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Quieres salir conmigo?
La repetición constante no asegura el triunfo, Antonio
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sábado, 3 de diciembre de 2011

Tócala otra vez, Clarice


Leo a buho hablando de pajas y apunta fiebre que siempre habrá pajas amargas. Me voy corriendo (qué apropiado) a esas ideas que a veces compartía con él en la barra donde antes desayunábamos. 

Me voy al otro día, cuando le dije que yo me quiero mucho pero que no tengo que tocarme para demostrármelo. Y sin embargo con él sí me pasa. De qué hablamos cuando hablamos de orgasmos o algo así. Se me suele encender casi todo si a él le da por mirarme de esa manera en la que me mira. Luego, a veces, deja de mirarme, y alguna vez justo después de decir adiós me voy al baño a saludarme yo. Y aun hay veces en las que después, cuando acabo de morirme en eso que decía el escritor cuando hablaba de pequeñas muertes, me siento, de verdad, terriblemente muerta. A veces, amar a destajo y tocarse no van de la mano (eso, mano, qué apropiado).