viernes, 16 de septiembre de 2011

Tan fácil es huir como querer escapar

Le preguntó por esas cosas de la vida, cómo te va, qué haces, cómo estás. 
Cuando ella había escrito tres renglones de verdad, él decidió que, en ese momento, planchar era más enriquecedor que escuchar. La dejó hablándole al mismo silencio de otras veces, con la única diferencia de que en ese momento se acordó de que la camisa blanca de lino seguía arrugada en el sofá del salón por cuarto mes consecutivo. Me quedaba bien, la llevaba cuando el año pasado Luis me dijo que el lino era tan suave como yo. Y se olvidó de los tres renglones de verdad y se inventó otra. 

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