sábado, 24 de septiembre de 2011

Parecidos razonables


Llega como la primera calada a un cigarro después de tres días resfriada. Llega como un soplido de aire fresco cuando llevas dos horas pintando la fachada de casa en pleno agosto. Como una ducha de agua caliente tras calarte las sienes debajo de la última tormenta de diciembre. Como el abrazo de mi hermana después de cuatro meses sin verla. Como encajar la última pieza del puzzle de dos mil piezas de puzzle. El primer trago de cerveza más fría del mundo. Las sábanas limpias a las siete de la mañana y el edredón con funda de ikea los lunes que no trabajas. Como bajar la persiana y rociarte de oscuridad sin cerrar los ojos. Como el capítulo final de la serie de trescientos capítulos en dieciséis temporadas, como ver el mar cuando dentro sólo tienes despedidas en estaciones de tren, como ver amanecer desde el aeropuerto, como ponerte la bata esa tan suave que tienen en oysho otoño tras otoño y que nunca puedo comprar. 
Así, así llega el amor cuando creías que no iba a llegar. 

O eso dicen, que yo sólo hablo por lo que dicen los demás. 

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