lunes, 4 de julio de 2011

Empezando por aquí y acabando por allá

Me pasa que cuando las palabras nos empiezan a dar vueltas en la boca antes de que lo hagan rodeando el volante del coche en el que siempre digo que quiero raptarte para llevarte a mañana sin que te acuerdes de antes de ayer, me pasa como ahora, que leyendo mi propia frase se me quedan los pulmones sin respiración. Sigo dándole vueltas, además de a tus piernas también lo hago con mis sienes, para qué servimos, qué ganamos, cuántos hijos dejaremos de tener y cuál será el polvo que echaremos para no olvidar nunca. Luego giro en torno a tu pelo, que le han salido canas para hacer juego con mis ganas de ti. Ya ves la gilipollez que se me ocurre cuando le da al amor por saltar a la comba con mis tacones. Que si moriremos juntos sin morirnos de golpe o si de repente a uno de los dos le dará por cargarse todas las fotos del otro. Eso sí que es una gilipollez. O no. Lo de romper por la mitad las fotos en las que dos salen juntos. Así como si las imágenes se nos parecieran en algo, no crees? Es como aquella foto nuestra, donde sonreímos con cara de pánfilos y yo tengo la cabeza en tu hombro como si quisiera dormirme en él y que vinieras a despertarme con una lanza y un caballo veloz. Me la cargué. Encima ni siquiera con las manos, es tan cutre el presente que ahora nos da por recortarlas con el programa ese que te bajas de internet. Se habrá visto mayor cutrez? Y en la papelera de reciclaje ponemos todos los trocitos del otro que un día se parecía a nosotros. Y luego le damos a restaurar. Como si lo viera.
Creo que somos tontos. Que no tenemos remedio. Creo que en algún tramo del camino a mí se me olvidó crecer y a ti aprender que lo que no hagas hoy no sé cuándo coño lo vas a hacer.

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