sábado, 25 de junio de 2011

Taiwan canino.

Os recuerdo, tengo dos perros. Una galga y una mezcla de cocker y de teckel. Les apodan Carla Bruni y el pequeño Sarcozy, por razones obvias. De acuerdo, los galgos son...es difícil de explicar. No son perros, son una extraña mezcla entre caballo y gato. Los galgos son raros, muy listos para lo que quieren, e ingenuos como pequeños niños para enfrentarse a los problemas del mundo real. Necesitan ser protegidos, incluso de sus propios congéneres, como veréis a continuación:

En un principio solía dar un pequeño hueso de piel de ternera seca a cada uno de los perros. Carla Bruni, muy ufana, se tumbaba en su cojín a disfrutar de la golosina con fruición. Pequeño Sarcozy, sin embargo, gemía por toda la casa apenado, hueso en boca, hasta encontrar un lugar apropiado para esconder su tesoro; generalmente debajo de mi cama, pero la bombona de butano, el W.C. o mis zapatillas eran encontrados como lugares satisfactorios también. Pequeño Sarcozy no parecía disfrutar del premio huesudo.

Pasado un tiempo, el Enano Francés adquirió la costumbre de robar su hueso a la Modelo Huesuda después de que esta lo hubiera masticado un buen rato. Carla, con su hueso reblandecido a conciencia, se levantaba para hacer un descanso y beber agua antes de dar buena cuenta del festín, momento que Sarcozy aprovechaba para robarle y, ahora con calma y mínimo esfuerzo, comerlo. Ahí  quedó desvelado el secreto de los lloros y gemidos del perro pequeño al regalarle su hueso, ¡ Sarcozy era un vago! que quería que alguien con más paciencia, y dientes más grandes, le hiciera el trabajo.

Los perros, pequeños y con complejo de enanos aprenden, queridos. Ete aquí un nuevo capítulo en la explotación laboral. Sarcozy ha descubierto que, cuando quiere un buen hueso, no tiene que esforzarse en mascarlo y rumiarlo, sólo tiene que esperar a que otro le haga el trabajo. Así que, una vez que ha robado el hueso, ahora blando, a Carla Bruni, saca de su escondite el suyo y lo deja en el colchón de la galga. Lo deja y se asegura de que la perra lo vea y lo coja. La pobre, solícita, lo masca y reblandece; y vuelta a empezar. Pero eso no es todo, por qué esperar a que yo les de un hueso, cuando tienes docenas guardados bajo la cama, tras dos años de acumularlos. Cada vez que le apetece comer uno, le entrega la materia prima a Carla Bruni y, al rato, vuelve para recoger la materia manufacturada. Sarcozy ha creado su propio Taiwan canino.

Pobres galgos.

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