domingo, 26 de junio de 2011

Efímero

Voy a alquilar un abrazo con opción a compra. Tengo uno medio visto, a plazos, primero te tocas las manos, luego el pecho, luego acercas la cara al cuello y para conseguir un efecto duradero hay que emplear la nariz, hueles la zona de piel que hay debajo de la oreja y si no controlas el efecto puedes morir en el intento. Asumo el riesgo, voy a alquilar un abrazo con opción a compra. Esta tarde me lo entregan si no falla la empresa que lo oferta. Llevo demandándolo alrededor de siete siglos, más o menos. El lugar de la recogida aun no lo sé, y me da igual porque apuesto a que se me elevan los pies cuando abra el paquete en el que va envuelto y me dará por tocar el cielo. Yo es que soy así de rara, espero un abrazo y cuando llega echo a volar dejándolo en tierra. Bueno, peores cosas se han visto, como saber que en cuanto te entregan la compra habrá comenzado su deterioro. Será por eso por lo que es tan especial, si fuese duradero me cansaría y lo mismo iría buscando otros brazos-empresa que lo dieran. O no. No sé. Sí lo sé, lo que pasa es que digo que no para sentirme mejor.

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