martes, 31 de mayo de 2011

Se pone a temblar el tiempo... El tiempo? el tiempo no tiembla, lo que tiemblan son las ganas que empiezan a colarse entre las agujas de los relojes de arena. Eso, la arena que respiro, que a veces parece que la nariz es el declive de los dioses, y se te caen encima las piedras, los pulmones llenos de barro y ese devenir extraño de aire que no llega a ningún sitio. Ves? otra vez la inercia, que se transforma en palabras para hacer rodar el mismo mecanismo de otras veces. Y verlo venir, ver venir el infierno que sólo conduce a otro igual y no tener muy claro cómo se escapa del cementerio.
Ahínco, desgana. Relámpago, cuerdas. Deambulando entre el desequilibrio y la calma. Me quedo de un lado, lo sé, como cuando te quedas en la valla que rodea a la montaña rusa donde tus amigos se suben. Mirando, observando, viendo pasar el vagón cargado de algodón o el vagón cargado de carbón. Lo que fui y lo que quiero ser.

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