lunes, 28 de febrero de 2011

Anécdota del día

Tengo a uno de mis perrillos malos y hemos pasado la tarde en la cama. Yo la cuido y ella pone cara de mártir en la parrilla. El otro perro entre desconsolado y desorientado, se pasea arriba y abajo, como un padre en la sala de espera de maternidad. Muy preocupado.

Así las cosas y a media tarde, me he llevado una botella de agua y una naranja a la cama y, al agacharme para dejar la botella en el suelo, la naranja ha salido rodando.

Me he puesto de rodillas y ojeado en la oscuridad bajo la cama, entre pelusas y cajas de zapatos que ni yo recuerdo ya qué guardan. Pero ni rastro de mi rica naranja. Así que he  mirado al perrillo que tenía más cerca y le he dicho muy seria: "  Bokerón ( sí, se llama Bokerón y juega a menudo con otro enano como él que se llama Chanquete, qué le  vamos a hacer), Bokerón, búscame la naranja".

Y me he subido a la cama a cuidar a la perrilla enferma.

A las dos horas, cuando me he levantado y junto a la botella de agua, alguien había dejado mi naranja, perfectamente colocada, junto a un regalo muy especial. Un regalo que sólo un perro que mide 20 centímetros y tiene más pelo que una estola de visón puede hacerte. Un regalo que sólo un perro que te quiere  a morir te ofrecerá. Junto a mi botella de agua, junto a la naranja que ha tenido que buscar, coger con su pequeña boquita y arrastrar de debajo de la cama, mi pequeño niño asustado me ha dejado un hueso.

Un hueso de piel de ternera que ha sacado de su colección, escondida no sabemos bien dónde, y de la que sólo hace uso en ocasiones especiales.

Una naranja, un hueso y una botella de agua. Para que no me falte de nada mientras cuido de su niña  enferma. Porque si él me cuida a mi, yo la cuidaré a ella y todo irá bien. Como siempre consigo que todo vaya bien.

Bichito pequeño..

sábado, 26 de febrero de 2011

Si vas a llamarlo amor
será mejor que lo hagas muy despacio.
No lo nombres así si acaba de llegar.

lunes, 14 de febrero de 2011

A veces te duele tanto el mes de abril
que encender catorce velas color cereza
en este febrero nada corto
se convierte en el peor de los bálsamos

lunes, 7 de febrero de 2011

Lo rompió en pedacitos y los dejó caer por la ventana. Parecían cometas. El folio blanco, en el sobre blanco, en sus manos blancas se había convertido en un montón de paracaídas diminutos sobrevolando el cielo que recorre el cuarto a del suelo del fondo. Las letras negras, la noticia negra, en su alma negra no volaban. Eso se le había quedado dentro. Taladrándole la parte más rígida del cuerpo. El esternon. Llegando al corazón, a la mitad de donde dicen que duerme el alma y a las íntimas zonas donde nadie llega si no quiere llegar. Y quería borrar el presente con goma de borrar, y quería salir volando con alas de volar, y dejar de llorar con esas malditas lágrimas de llorar. Pero no hay botón de vuelta atrás. Y hay días que deberían desaparecer. Y sin embargo se convierten en los únicos días importantes. Los que transforman tu vida para ese siempre eterno al que nadie quiere llegar.

viernes, 4 de febrero de 2011

Con mantequilla, la tomo con mantequilla y azúcar. Cómo me gusta la palabra azúcar. Y la tostada que me tomo con el cortado. Con espuma y crema por encima. El cortado también me gusta. Y los besos. Te he dicho que me muero por un beso? y que como dice Gastelo, se me ve, a muchos kilómetros de distancia, que se me estiran los labios buscando una cama donde tumbarlos?... La cama son los labios de otro. No vayas a pensar que es una cama de verdad. Porque ahí los labios no se me vuelcan, anidan, en cualquier caso, pero nunca en horizontal. Al revés, se me levantan. Pues eso, los besos. Y un abrazo. Muchos abrazos no. Uno. De los que se estiran y encojen. Como el universo. Sabes que creo que el universo no para de moverse y que por esa misma razón, conmigo hago lo mismo. Ahora hacia fuera, ahora hacia dentro. Arriba o abajo. Así me voy conociendo. Tú no te estiras? Recien despierto no, digo en el resto de la vida. Pues deberías. Si no, cómo vas a conocerte? Yo qué sé, será que me he creído muy mucho que la única persona que va a acompañarme hasta que muera, voy a ser yo. Y me resulta tan interesante que creo que a eso he dedicado mi vida. A investigarme. Y a ver qué tal. Vale, eso, lo que yo decía, que buenos días.