sábado, 20 de noviembre de 2010

Qué más da contarlo?

Esta entrada iba a hablar del poder de la vida, o el que llevo dentro, o de que los sueños a veces se cumplen... Esa es mi mano, y lo de dentro la última media pastillita que ingerí hace 20 días dando por finalizada una década de mi vida. Asoló la depresión a los 24, pero no me venció... y los restos llegaron hasta ese día 30 del mes pasado en el que conseguí tomarme la última amarillita pal cuerpo. Y como digo, era un texto en el que iba a hablar de lo positivo, de las ganas, del tesón, del esfuerzo... Y sin embargo, no puede ser así.
Llevo unos 3 meses quitándome, que suena hasta divertido, porque hay que bajar la dosis muy despacio, y yo sin prisa me puse a ello bajo supervisión médica, claro... Y todo iba más o menos bien, aunque me notase bajar de vez en cuando y estar peor de lo que estaba hace un tiempo, desde abril a octubre, que pasé unos meses en un estado feliz, entrecomillado, pero feliz. Y han empezado a aparecer los bajones, y cada vez son más abundantes, sin que haya desencadenante, ni motivo aparente ni oculto. Y hoy he tenido otro de esos, que conectan rapidamente con aquel pasado tan oscuro y cruel que viví a los 25... Hay algunas pruebas que indican que quizá mi cuerpo no fabrique con naturalidad lo mismo que fabrican la mayoría de los demás, pero aun así probamos a eliminar la pequeña dosis que aun le regalaba a mi cuerpo. Y hoy me pregunto, analizando la situación, mi estado, mi alrededor, si quizá no es eso lo que ha motivado que poco a poco haya empezado a bajarme del carro de la vida, al que me subí este año y que tan buenos resultados me dio. Porque esta semana, de repente, he tenido dos bajadas al abismo, de las desgarradoras, desoladoras y agonizantes. Y yo sé, en este preciso momento de lucidez, que yo no soy esto que veo ahora. Aunque ahora no encuentre esa parte que encontré hace poco.
Podría extenderme, y hablar más del tema, pero al fin y al cabo sólo sería ahondar en un tema que yo ya me conozco a la perfección. Si siguiera hablando estaría tan solo justificando que quizá tenga que volver a tomármelas, como diciéndome a mí misma todo eso que no quiero que piensen los demás, aunque en el fondo, sea sólo lo que yo misma me digo.
Hablaré con el médico, y decidiremos qué hacer... Era un logro, un logro mío, o eso pensaba, como creyéndome que hasta contra la salud podría luchar y vencer. A veces sucede, pero otras no, y bueno, vale, si he de volver a tomarlas para regular ese algo que pocos entienden, lo haré. Quizá el logro personal, llegado el caso, sea que sé aceptar las cosas como vienen, exactamente aquellas con las que más cuesta lidiar, las que no están bajo mi control.

4 comentarios:

  1. Ne... tan lejos y tan cerca. De pastilla, de neurotransmisores que no funcionan, de farmacología, de tratamientos, de hartazgo ante la medicina oficial y occidental, de recaídas, de vértigos, de bajadas a los infiernos y de mi negativa a un tratamiento que pretendía combatir el desorden de mi bioquímica con pastillas químicas de destrucción masiva... hablamos cuando quieras. Pero mejor en privado. Ahora bien sabes cual es mi medicina: la ternura y los abrazos, y funciona, no siempre, pero funciona y compensa los desequilibrios de la serotonina, la adrenalina, la noradrelanina, la dopamina y las endorfinas. Claro que sobrevivir a pulso tiene un precio, pero al menos soy yo mismo y es mi ánimo el que muestro a los demás, para bien o para mal, casi siempre espontáneo, intenso, extenso y apasionado para lo bueno y para lo malo. No sé si mi médico querrá hablar conmigo cuando le confirme que me niego a intoxicarme para proteger lo poco que queda de mí mismo. Otro abrazo inmenso, Ne, y van dos esta noche en distintos blogs. Esta forma de darme es mi medicina. Convivir conmigo mismo es mi castigo, pero soy lo único que tengo en madrugadas oscuras y días extraños donde me habita el dolor y el silencio.

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  2. Hola Mk42 os he leído ... Y no conozco bien los detalles de vuestros problemas pero hay unos fármacos, maravillosos que te ayudan a crear serotonina y ayudarte a remontar cualquier depresión o por lo menos paliarla , y realmente no son tan dañinas para el cuerpo , de hecho cuando se deja la medicación es porque el cuerpo ha vuelto a segregar , ..,hace menos daño que un cigarrillo pero me imagino que te refieres a un cuadro clínico mas grave .un saludo

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  3. Hola AN, agradecido por tus palabras. Mi problema no es la depresión, sino su contrario: un trastorno generalizado y crónico de ansiedad, sostenido en el tiempo, con manifestaciones de agorafobia y en continuo proceso de somatización hasta pervertir mi sistema nervioso central y provocarme definitivamente, fibromialgia por alteración de los neurotransmisores del dolor... la fibro no mata, pero jode la calidad de vida y es incurable. Pasé hace años por un túnel del fármacos relacionados con la serotonina y no volveré: tardé más años en dejar las pastillas que en superar el problema de agorafobia, y cuando dejé las pastillas todo volvió a estar igual de jodido. Ahora vivo a pulso, con apenas una dosis placebo de tranxilium y echándole mucho coraje, sin la más mínima autocompasión, aunque me frustre no poder hacer muchas de las cosas que quiero. El dolor físico y emocional sostenido, el vértigo físico producen miedo y es un puto círculo vicioso que te pueden llevar a la depresión. Pero para no caer en ese agujero, me sobran las pastillas que esclavizan, como tampoco me hace falta el whiski de las madrugadas. Me salva la vida... el deporte -cuando puedo-, el inmenso poder liberador del sexo con sentimiento, y sobre todo sentirme querido. Siento no haber podido ser más breve. Visitaré tu página, que akí me siento como un ocupa en un blog que no es el mío. Saludos por tu post. Y un abrazo, de los que curan.

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  4. aun no creo,,,en capsulas de oro vacio...no me han hecho falta,,,,aunque el equilibrio en mi no sea necesariamente algo,,,,me duele el tema que ya seduce y atrapa desde hace tiempo a compañeros,,,los seda,,,los hincha,,,y nada mas,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,


    Carta al señor legislador de la nueva ley de estupefacientes (fragmento)
    Señores dictadores de la escuela farmacéutica de Francia ustedes son unos pedantes roñosos: hay una cosa que debieran considerar mejor; el opio es esta imprescriptible e imperiosa sustancia que permite retornar a la vida de su alma a aquellos que han tenido la desgracia de haberla perdido.
    Hay un mal contra el cual el opio es soberano y este mal se llama Angustia, en su forma mental, médica, psicológica o farmacéutica, o como Uds. quieran.

    La Angustia que hace a los locos.
    La Angustia que hace a los suicidas.
    La Angustia que hace a los condenados.
    La Angustia que la medicina no conoce.
    La Angustia que vuestro doctor no entiende
    La Angustia que quita la vida.
    La Angustia que corta el cordón umbilical de la vida.

    Por vuestra ley inicua ustedes ponen en manos de personas en las que no tengo confianza alguna, castrados en medicina, farmacéuticos de porquería, jueces fraudulentos, doctores, parteras, inspectores doctorales, el derecho a disponer de mi angustia, de una angustia que es en mí tan aguda como las agujas de todas las brújulas del infierno.
    Temblores del cuerpo o del alma, no existe sismógrafo humano que permita a quien me mire, llegar a una evaluación de mi dolor más precisa, que aquella, fulminante, de mi espíritu..
    Toda la azarosa ciencia de los hombres no es superior al conocimiento inmediato que puedo tener de mi ser. Soy el único juez de lo que está en mí.

    Antonin Artaud

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