viernes, 22 de octubre de 2010

Pues aun hay quién dice que parece que tengo las ideas muy claras. Yo flipo. Porque nunca las he tenido, aunque bien es cierto que entre las máscaras que llevé puestas, lo erguida que ando y esa mirada que suelo gastarme a veces oliendo a profundidad, no es del todo descabellado que alguien pueda observar esa cualidad en mí. Pero no, ya digo yo que no. Dudo. A menudo. Más aun. Casi siempre. Y cuando creo tener decidida la cuestión, me lo pregunto de nuevo, por si algún fleco suelto se me quedó entre la córnea y la realidad.
No sé hacia dónde camino, no sé qué prefiero, no sé cuáles son mis gustos predilectos, no sé para qué hago según qué cosas, no sé si me gustas o sólo lo finjo, no sé si quiero conocerte o sólo jugar al escondite, no sé qué sentido tiene vivir, no sé... Y así con casi todo.
Creo (atención al verbo) que lo único que creo (de nuevo) saber... bah, no, tampoco estoy segura de eso que iba a decir... Mmm... Sólo sé que ahora, en este preciso instante, no tengo ni puta idea de nada. Es mi única certeza. Algo es algo.

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