miércoles, 29 de septiembre de 2010

Es un huracán encerrado entre paredes, un volcán que jamás se detiene, arrasando, levantando, moviendo y destripándome el espacio, las horas y todos los infiernos... Se asoma, tan entero, tan firme, tan todoterreno. Omnipresente y todopoderoso. Arrasa. Dispara. Siempre desenfundando. Con las alas desplegadas, acero en las costillas, carbón en los pulmones y derrotas amontonadas en la cumbre de sus esperanzas. Si vienen a gritarle canciones, las baila, si le destrozas el alma, se monta un desfile de estrellas para sacudirse las piedras, y si se te ocurre invitarle a bailar, no parará hasta destrozarte los pies...
Vencido, vencedor.
Aislado. Compartido.
Escondido. Sorprendente.
Lleva un millón de vacíos en el bolsillo, y arrastra sus pasos llenando versiones de sí mismo. Va subido en la montaña rusa que él mismo creó, desciende y se alza cuando le viene en gana, aunque todo sea mentira, luchará para que te lo creas, así él también verá verdades donde antes había oscuridad.
Impulsivo. Potente.
Instinto. Animal.
No se acuesta temprano aunque se vaya a dormir a las ocho, ni se desayuna la vida al despertar aunque a las siete se le abran los ojos, se pasea por los jardines que él mismo se inventa y se deletrea nanas para emprender cada vuelo. Bordea el suicidio si se ve rozando el cielo, matando las ganas, las ansias y los deseos. Prefiere un destino escogido que ese que le venía vendiendo lo ajeno. Coger las riendas, dirigir caminos. Ascender. Subir. Conocer. Descubrir.
Así se resumen las líneas que lo contienen. Desde fuera. En la otra punta. De lejos.
Quizá cuando estés dentro, te pierdas en la primera curva de su terreno.

2 comentarios:

  1. no se bien que es lo que describes,,,,,pero si algo o alguien sigue esas pautas a de ser muy interesante,,,,

    ResponderEliminar